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¡Por los derechos laborales!

ALMA GRANDE

Angel Alvaro Peña

La reforma laboral de la actual administración no puede estar completa sin la transformación de los sindicatos, que caminaron de manera paralela a los Gobiernos anteriores, lucrando con los derechos de los agremiados.

De esta manera, se espera que los sindicatos de las dependencias de Gobierno sean los primeros en darles su lugar a los trabajadores que sufrieron una serie de descalabros en su patrimonio por la evidente corrupción en su estructura.

Uno de los primeros en llegar a este nivel, que deberán imitar otros muchos, es el Sindicato Nacional Auténtico y Democrático de los Trabajadores del ISSSTE, que se convierte en punta de lanza de las nuevas relaciones entre sindicatos y dependencias de Gobierno.

Desde su creación, los sindicatos de las secretarías de Estado y paraestatales, así como de otras dependencias pertenecientes al Gobierno federal se convirtieron en parte de las dependencias, con un voto cautivo, con derechos que les eran regateados, los obligaban a marchar, a apoyar a los candidatos priistas en campaña y a ser carne de cañón en mítines de adhesión a los diferentes Gobiernos emanados de ese partido.

Pero al interior de esos sindicatos, la corrupción era una práctica cotidiana que debe erradicarse de raíz, y el sindicato de trabajadores del ISSSTE no era la excepción. Habrá muchos que tendrán a verdaderos trabajadores en su dirección y no podrán eternizarse sus dirigentes como ocurría prácticamente de manera vitalicia en cada gremio.

La reforma laboral podrá tener ahora el primer logro a partir de la depuración de las estructuras sindicales que otorguen a los trabajadores el mando y puedan, en un momento determinado, convertirse en una fuerza sin la coerción de parte patronal, que tanto daño les hizo en toda la historia de sus agrupaciones.

La burocracia deberá recuperar el respeto que nunca le dieron los regímenes anteriores. No son un grupo sin criterio ni está conformada por menores de edad; son trabajadores que tienen derecho a elegir su propio destino en su organización y en lo individual, a disentir no sólo de las posturas del Gobierno, sino de su propia cúpula sindical. Es un derecho que, de ahora en adelante, deberán llevar a cabo con dignidad y orgullo.

Las vejaciones de muchos sindicatos por parte de sus líderes deben quedar en el pasado, sin que se deje de lado el castigo a los líderes que se enriquecieron con las cuotas y los beneficios que el Gobierno les otorgaba a cambio de dejar sin derechos a los trabajadores.

Los sindicatos, en la mayoría de los casos, se convertían en una suerte de mafia, donde el menos beneficiado era el trabajador, que estaba desamparado ante los abusos de la parte patronal y de la organización gremial.

Es hora de que se le regrese a todo trabajador sindicalizado sus derechos, dentro de los cuales está su independencia para elegir a los gobernantes, a los líderes y el rumbo de su vida laboral.

Esperemos que a la propuesta del sindicato de los trabajadores del ISSSTE se sumen otros muchos dentro y fuera del ámbito burocrático, y los derechos laborales sean rescatados y ejercidos.


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