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¡Morir sin poder preguntar a AMLO en la mañanera!

Titular del Ejecutivo federal es usado, en algunos casos, para asuntos personales y, en otros, para acabar con la imagen pública de servidores públicos.

Andrés Manuel López Obrador es un mexicano especial, excepcional, si se quiere, y no necesariamente por su condición de Presidente, sino por la manera de cumplir su meta de vida después de dos intentos fallidos de hacerse del poder que será casi absoluto si las oposiciones sobrevivientes al tsunami de julio pasado no logran evitarlo.
También lo es por su muy sui géneris convicción, no la de acabar con la corrupción, compartida por la mayoría de los mexicanos, sino la de destruir todo lo anterior a su gobierno, como cualquier conquistador que se precie de serlo (como lo es él y también lo fueron los españoles que nos conquistaron, por ejemplo), para construir la Cuarta Transformación sobre las ruinas del neoliberalismo, el conservadurismo y el neoporfirismo, etcétera.
Pero hay quienes lo ven de otra manera, una especie de ser superior (“mesías”, lo califican sus detractores, y “auténtico hijo laico de Dios”, amén de transfigurado, iluminado y cruzado, a decir de Porfirio Muñoz Ledo, que lo mira desde su privilegiada íntima intimidad), o quizás sólo ocurre que sobran los que suponen que el Presidente disfruta de los afanes de los dedicados a alimentar su ego.
Listo a convertirme en carne de cañón para la chairiza y ciertos colegas, debo confesar mi admiración por la manera en que Andrés Manuel despojó del poder a lo que llamaba el PRIAN, aunque no pierdo de vista que recibió la ayuda, invaluable, de las cúpulas priístas, panistas y perredistas, que, en concierto, hicieron todo para perderlo, como si se tratara de un Pacto, pero no como aquel ya olvidado por México, sino a favor de la Cuarta Transformación.
Valga esta larga introducción para atraer la atención sobre un episodio ocurrido en la mañanera que de haber ocurrido el viernes, o si el Presidente hubiese reaccionado a como nos tiene acostumbrados ante las denuncias que cotidianamente le presentan, muchas de ellas sin pruebas y sin fundamentos, el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, estaría camino a Iztapalapa listo a ser crucificado.
Confieso que no estaba preparado el martes para un nuevo show periodístico en la conferencia de prensa en Palacio Nacional, que supera los ofrecidos por colegas de renombre, utilizando lo que algunos llaman el púlpito mañanero para ganar más fama o, por lo menos, atraer la atención de López Obrador sobre sus personas.
Con voz entrecortada, que delataba emoción profunda, la representante de “Oro Sólido”, Alejandra Acuña, narró al Presidente que un reportero amigo suyo murió sin cumplir su sueño de hacerle una pregunta en la conferencia mañanera. Culpa fue, explicó, del equipo de Comunicación Social de la Presidencia, que nunca le permitió el ingreso al Salón de la Tesorería.
Refirió que ella misma peleó con el equipo de Ramírez Cuevas en un intento de introducirlo, pero que en respuesta recibió la amenaza de que también podrían impedirle el ingreso.
Conteniendo la emoción, la reportera propuso a López Obrador crear lo que llamó “un servicio profesional de carrera humanitario”, lo que esto sea, que dio pie a Andrés Manuel para repetir su prédica de que “sólo siendo buenos podemos ser felices”, amén de que “tenemos todos que humanizarnos, entender que el poder, en especial los servidores públicos, sólo tiene sentido y virtud cuando se pone al servicio de los demás. El poder no es prepotencia, fantochería; no es abuso de autoridad”.
Antes, el Presidente pidió perdón “post mortem” al periodista que no pudo hacerle la pregunta, pero como la reportera insistía en ir contra el personal de Comunicación Social habló de la necesidad de “ser amorosos”, distintivo que en su gobierno lo tienen casi todos, dijo. Sin embargo, reconoció que seguramente aún hay quienes no se ajusten a la nueva política. “Deben entender que debemos ser siervos de la nación”, como José María Morelos.
Y luego defendió con todo a Ramírez Cuevas y a Jesús Cantú: “Son periodistas (que) han ejercido un periodismo crítico, objetivo, apegado a la verdad… ellos son quienes tienen a su cargo la comunicación social”.
El asunto no llegó a más, pero el episodio debe servir, insisto, para revisar el formato de la mañanera, de lo contrario, los shows se repetirán. En algunos casos usan al Presidente para asuntos personales y en otros para acabar con la imagen pública de servidores públicos.
En esta ocasión fue contra alguien muy cercano a él que, sin duda, ni idea tenía de que un periodista que no cumplió el reglamento establecido, que, supongo, sí hacen todos los que acuden madrugada a madrugada, murió sin cumplir su deseo de hacer una pregunta a López Obrador.
La verdad es que en la vida hay cosas más importantes que hacer una pregunta a un Presidente, sea quien sea.


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