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La sentida carta de un ciudadano al jefe de gobierno de la CDMX al enterarse que renunciará

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Por Héctor Osoriolugo

Doctor, buenos días:

Espero que al recibir la presente se encuentre usted bien. Otros gobernados por usted -es lamentable- ni medianamente bien.

Habíamos quedado, doctor, -es decir había usted hecho público compromiso- que, en vez de enfrascarse en una batalla por la precandidatura a la presidencia, usted optaba por continuar sirviendo a la ciudad. (Más allá de que esa precandidatura se la ganó alguien que ni modo, pues se caracteriza –dicen- por arrebatón), esa declaración fue un pase magistral de usted y déjeme decirle que se vio bien, muy bien (aparte, insisto, de que haya sido ese lance por obra de una
derrota).

Pero por lo demás, el continuar con su encomienda no es ninguna gracia, ¿eh?, usted tiene un mandato sobre sus hombros, y esa orden es del más noble mandatario que puede haber, nada menos que del pueblo. Ahora resulta –resultaba- que nos hacía usted un favor al continuar al frente del gobierno de la CDMX, siendo que sus electores fueron los que lo favorecieron, con el voto.

Mas he aquí que todo lo anterior fue pasajero. Recién dijo usted que siempre sí se va. ¿Va a hacer un posdoctorado?, ¿va a atender su salud (hace unos años nos dio usted un susto)?

No.

… Va a tomar una posición plurinominal al Senado de la república. Un puesto seguro. A él se llega simplemente porque se celebren elecciones, dado que el partido al que usted (no) pertenece, mediante la fórmula de la coalición ya aseguró suficiente cantidad de votos como para que usted pueda sentirse, hoy, no con un pie, sino ya con todo el cuerpo en el Senado.

A ver, entonces, ¿deja usted su compromiso con los habitantes de la capital del país por un puesto (6 años seguritos, fuero constitucional, reflectores, etcétera)?

De ser así, permítame que le diga que hubiera ganado mucho Miguel Ángel Mancera si al término de su gobierno se hubiese quedado sin nada.

… Pero con el reconocimiento de su pueblo.

Y –no se lo regateo-, hasta con la gratitud del mismo.

Aquí, doctor, pregunto ¿Ha oído hablar usted de patriotismo? Bueno: en el patriotismo una persona actúa por amor a la tierra de sus padres; y el amor, dígase lo que se diga, incluye –entre otros- el sa-cri- fi-cio. Más sencillo: anteponer el bien ajeno al propio. Sacrificar comodidad, estabilidad, bonanza, futuro, por el otro.

De nuevo, el objetivo es el más noble que puede haber: el pueblo. Pero no un pueblo entre otros, sino uno que eligió voluntariamente ¿a quién? a usted mero, doctor.

Por otra parte -para que no vaya a pensar que es personal la cosa-, era preciso que ordenara usted a sus colaboradores que igualmente dejan cargo por asegurar otro que nada de eso, que continuaran en sus cargos, en especial aquellos que están manejando áreas altamente sensibles para la ciudad, apremiantes, como es la reconstrucción. Me refiero a ellos. Debieron cumplir hasta el último.

Por otra parte, ¿a qué van -ellos sí- a someterse a los designios de una elección?

Es hasta obvio que la ciudadanía sensible, y más la que resultó afectada, no les va a dar el triunfo electoral; si bien es claro que como políticos anden buscando puesto tras puesto, aquí se trata de 1) hacer suya la (que era) causa de su jefe, 2) demostrar que les importó lo que pasó.

Bueno, vamos, ¿qué entre estos funcionarios de los que estamos hablando no hay ninguno que haya sufrido alguna pérdida -esperamos que humana no pero sí material- como para que él me entienda, por Dios?

Es más, dado que la reconstrucción marcha lenta y que los apoyos a los damnificados son mínimos, se tienen elementos de que el recurso se está desviando a esas mismas elecciones de las que le acabo de hablar. ¡El colmo!

No solo la inconsciencia de dejar la encomienda, sino la de llevarse el dinero para un fin ajeno ¡Ese dinero es sagrado!

Ha declarado usted que va, no por el puesto, sino por sentar un precedente hacia un cambio de régimen (dejemos fuera lo de si es inconstitucional que un gobernante pase a un puesto que conlleva fuero: el espíritu del constituyente es que desde luego que lo e s ya que así no es posible proceder contra él si se descubren irregularidades en su gestión).

Otra vez, ¿eso es más importante que hacerse cargo de la enorme destrucción que postró a tantas familias, muchas hoy enlutadas?

En fin.

Gracias, doctor, por leer y… pues aún es tiempo.


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