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¡Don Porfirio Muñoz Ledo!

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

Por el contrario, hay otros que no tocan la flauta ni por casualidad

Porfirio Muñoz Ledo es un político con muchos asegunes, quizá su principal defecto consista en ser un hombre de doble ánimo.

Sin embargo, dejando de lado sus pecadillos e inconstancia, debemos admitir que su inteligencia es excepcional, por ello, ha escrito páginas brillantes en la historia del país.

En este contexto, recuperaremos una anécdota que retrata su talento de cuerpo entero.

Contaba don Luis Weckmann Muñoz (un sabio que llegó a ser Embajador Eminente), que el presidente López Portillo lo mandó a llamar allá por 1979. Don Luis, quiero que se vaya con Muñoz Ledo a Nueva York, lo voy a nombrar embajador en la ONU, le dijo.

El hecho de ir de segundo le pareció un insulto, por lo que se negó. Por favor don Luis, tres o cuatro meses, en lo que aprende, después pídame lo que quiera, insistió JLP. El también historiador tenía un proyecto editorial en mente y respondió ¿Italia?…Italia don Luis.

Partió a Nueva York con su desterrado alumno, que a la sazón no hablaba inglés, apuntaba el maestro. Tres meses pasaron y Muñoz Ledo improvisaba discursos en inglés para más adelante liderar el Grupo de los 77. Weckmann regresó a México para ser nombrado embajador en Italia, su ‘aprendiz’ ya no lo necesitaba. Ese es el Porfirio memorable.


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