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COLÓN URDÍA UN PLAN MAQUIAVÉLICO DE PORTUGAL: NUEVA VERSIÓN DE LA HISTORIA

Un historiador luso-estadounindese asegura que el marino no fue el primero en llegar a América, no servía a España y no era genovés.

Según nuestros libros de texto de primaria, el descubridor de América, Cristóbal Colón, servía a la corona española, era un plebeyo de origen genovés y fue el primero en llegar al continente. Sin embargo, es probable que nos mintieran, según el investigador luso-estadounidense Manuel Rosa.

Con fuentes muy documentadas que podrían hacer temblar los pilares de la Historia moderna, Rosa afirma que Colón servía en secreto a Portugal, que ése no era su nombre y que no era de origen genovés, pues su padre pudo ser un rey polaco exiliado en Madeira.

DL8Oqk-X0AI8MblAdemás, a su libro Colón: La historia nunca contada, agrega que existen mapas que prueban que Portugal llegó a Canadá y Sudamérica antes de 1492, el año oficial del descubrimiento de América. Esos mapas son antecedente al plan “destinado a proteger la India verdadera” engañando a los españoles.

“La clave de este enigma siempre estuvo en Portugal, en concreto en el matrimonio de Colón con Filipa Moniz, comendadora de la Orden de Santiago”, explica el investigador en la Duke University Medical Center, en Carolina del Norte, Estados Unidos.

En un volumen plagado de citas, genealogías y reproducciones de cartas y códices, Rosa sigue el tortuoso camino de demostrar que Colón no era un tejedor genovés, sino un noble con conocimientos científicos poco usuales para su época y que siempre estuvo al servicio portugués, como espía y como marino.

“El auténtico Colón no es el Colombo italiano, un plebeyo que jamás se habría podido casar con Filipa y haber accedido de la noche a la mañana a la Corte portuguesa y al círculo íntimo de Juan II”.

Colón, dice, “era una persona muy importante, muy conocida y con toda la confianza de la monarquía portuguesa, que en España trabajó para Don Juan II con la misión secreta de alejar a los castellanos de la India y recobrar después, con matrimonios reales, el nuevo patrimonio americano”.

Además, señala, la conquista de las Indias Occidentales alejaría la inevitable ambición española sobre Portugal una vez conquistada Granada a los musulmanes.

Juan II , el “príncipe perfecto”, que reinó entre 1481 y 1495, trabajaba sobre un plan universal, con las exploraciones como una prioridad para su gobierno y con la derrota del Islam como su otro gran objetivo”, destaca el escritor.

Colón sabía desde un principio dónde iba, no era el marino poco versado que desconocía su destino, como lo presenta la historia oficial”, subraya Rosa, quien insiste además en que el almirante era miembro de la Orden de Cristo, heredera de los templarios en Portugal.

El plan universal de Juan II fracasó cuando falleció su hijo en 1491 y cuando el propio monarca murió en 1495.

Su sucesor, su primo y cuñado Manuel no continuaron con esa maquiavélica estrategia, dados sus estrechos lazos con la España unificada de los Reyes Católicos.

Sin embargo, el gran misterio que subyace en esta historia de Colón de Manuel Rosa radica en el propio origen del hombre que “descubrió” América.

Tras mucho indagar, Rosa llega a la conclusión de que la personalidad real de Colón, que con tanto ceño ocultaron la Monarquía lusa y el propio marino, correspondía a un tal Segismundo Henriques.

Según sus razonamientos, era hijo de Ladislao III, rey de Polonia y Hungría, derrotado por los turcos en la batalla de Varna en 1444, en la que desapareció.

Rosa considera probado en varias cartas de la época que Ladislao renunció a su corona y se exilió en el último país en Europa que seguía empeñado en la cruzada contra el Islam, Portugal, y asimila el misterio que rodeó al linaje del rey polaco al de Colón.

Tras adoptar la identidad de un tal Enrique Alemán, Ladislao habría sido el padre de Colón y de dos de sus hermanos en Magdalena del Mar, en el archipiélago luso de Madeira.

“La solución final del enigma -dice- pasa por la comparación genética entre los restos de Colón y los de Ladislao, y esa solución podría cambiar totalmente la memoria del mundo moderno. Pero no nos engañemos, estoy marchando contra 500 años de historia“.

Fuente: Expansión


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